Mi conexion con Francia y sus vinos fue precoz y trascendental, desde el primer día que decidí lanzarme a descubrirla, todo cambió y se volvió alma y sentido.
La verdad del producto de la tierra, la filosofía de los hombres del vino, la elocuente fuerza y contenido de su historia.
Tuve la suerte de recorrer muchas regiones, compartir tiempo, charlas y vinos con muchos productores y colegas… quedarme en su mundo bebiendo su cultura durante unos años.
Mi atracción por la Bourgogne, tierra mágica de ondonadas calizas donde aún suena en sus secretos muros el mantra de los monjes cisterciences, me llevo a ser hoy un poco embajadora de sus vinos en Argentina.