Si Francia se considera la cuna del vino, Italia es el ebanista que tornó esa cuna, es la loba Luperca que amamantó la historia y diseminó las vides por toda europa.
Las colinas piamontesas me saludan y me llenan de vida, de alegría, de ese reverdecer soleado, perfecto, apolíneo.
Piamonte es apolíneo y dionisíaco. El Zaratustra del vino.
Profundizar en la comprension de Barolo y Barbaresco, señores silenciosos y austeros, que con su discreta elegancia y tensión marcan su don, me llevó a conocer mas de lo esperado, a volverme familia y amiga de sus productores, a ser nebbiolo, tartuffo y nocciola, y a buscar compartirlo con ustedes trayendo sus vinos hasta aquí.